Historia

Nuestra historia

Cómo nació una marca de streetwear chileno hecha poco a poco

FLAW nació en 2016, en la Región de Valparaíso. No hubo inversionistas, ni socios con grandes capitales, ni una estrategia perfecta.

Tenía una máquina de coser doméstica, algo de tela y muchas ganas de construir algo propio. Esta es esa historia, capítulo a capítulo.

El inicio+

Tenía una máquina de coser doméstica, aproximadamente $50.000 en telas compradas en Bagri de Concón, y muchas ganas de construir algo propio.

Ese capital inicial salió de mi trabajo como copero en el restaurante Delirio de Reñaca.

Tenía 20 años y, como muchos emprendedores chilenos, no sabía exactamente lo que estaba haciendo. Lo único que tenía claro era que quería crear una marca nacional. Una marca de verdad, hecha en Chile, con confección nacional y diseño propio.

Aprendimos a coser viendo videos. Aprendimos a vender equivocándonos. Aprendimos a sacar fotos improvisando. Y aprendimos que emprender era mucho más difícil de lo que parecía desde afuera.

Los primeros pedidos+

Los primeros productos los fabricaba y despachaba desde mi casa. No existían bodegas, ni oficinas, ni un equipo. Cada pedido lo empaquetaba a mano.

Mientras otras personas de mi generación terminaban sus estudios universitarios, yo pasaba las noches aprendiendo a construir páginas web, viendo tutoriales de Facebook Ads y tratando de entender cómo funcionaba el comercio electrónico.

La primera página web la desarrollamos prácticamente desde cero. Los primeros anuncios digitales también. Y poco a poco comenzaron a llegar las primeras ventas.

El primer estudio fotográfico+

Cuando las ventas comenzaron a crecer apareció un nuevo problema: necesitabamos fotografías, y no tenía presupuesto para un fotógrafo profesional.

Así que construimos un estudio con restos de madera comprados en Sodimac, cartones pintados de blanco, iluminación improvisada y una cámara prestada por un tío.

Mirando hacia atrás puede parecer rudimentario. Pero para mí era un estudio profesional: una herramienta más para seguir avanzando con lo que tenía, sin esperar a tener todo perfecto.

El primer producto exitoso+

Primeros éxitos fueron unas snapbacks importadas. El inventario lo contaba a mano, las cajas se almacenaban en mi casa, y cada venta era una celebración.

Comencé a sentir que el proyecto tenía potencial para convertirse en algo más grande que un hobby.

Lentes de sol FLAW: el primer producto propio+

Antes de fabricar ropa a gran escala, ya intentabamos crear producto propio. Diseñamos una línea de lentes de sol en Viña del Mar, fabricados en fábricas de China, con modelos hechos en madera sustentable y policarbonato reciclado.

Fue un proyecto que sigue en pie, nos enseñó procesos que después usariamos en toda la marca: diseño industrial, importaciones, control de calidad, packaging y negociación directa con fábricas.

Ese proyecto muestra algo que pocas personas conocen de FLAW: intenté crear producto propio años antes de dedicarme de lleno a la confección de ropa.

La primera tienda+

Aproximadamente un año después de comenzar online, abrí mi primera tienda física: Mall Reñaca.

Fue en ese momento cuando decidí salir de la universidad para dedicarme por completo a FLAW.

Para mí fue un sueño. Por primera vez existía un lugar donde las personas podían entrar, tocar los productos y conocer la marca físicamente. Era pequeña, pero era mía. Ni dinero tenia para llenarla.

Maitencillo+

En 2019 llegamos a Maitencillo. Abrimos dos tiendas dentro de la Feria Artesanal y, posteriormente, tuve la oportunidad de instalarme en el Domo de Maitencillo. (3 TIENDAS EN MAITE)

Ese lugar marcó una etapa muy especial, no solamente por las ventas, sino por las personas que conocí. Fue ahí donde nacieron amistades que todavía mantengo.

Compartí espacio con emprendedores, artesanos y marcas que también estaban creciendo. A través de esas relaciones comencé a trabajar con marcas reconocidas como Oakley, Quiksilver, Roxy, Bamers y Crocs. Algunos incluso vieron nacer a mi hija.

La primera colaboración+

Durante esos años conocí a una artesana de La Ligua. Junto a ella desarrollé mis primeros polerones tie-dye, hechos con confección nacional y trabajo manual. Hicieron furor, emprendimos juntos.

Se transformaron rápidamente en uno de los productos más vendidos de la marca. Fue una de las primeras veces que entendí el valor de colaborar con personas talentosas de mi entorno, en lugar de intentar hacerlo todo solo. 

La primera camioneta+

A medida que crecía FLAW apareció una nueva necesidad: mover productos, transportar mobiliario, abastecer tiendas, despachar pedidos.

Compré una Peugeot Expert blanca, adquirida en cuotas a los dueños de la agencia Starken de Concón. Era joven y no tenia accesoa  credito. Puede parecer algo simple, pero para mí significaba independencia: una señal de que la empresa estaba creciendo. Pasaba mas en pana que andando eso si.

La pandemia+

Cuando llegó la pandemia, el mundo cambió y nuestra operación también tuvo que adaptarse. Arrendamos un local más grande dentro del Mall Reñaca, construimos altillos y habilitamos nuevos espacios de almacenamiento para responder al crecimiento explosivo que estaba teniendo el comercio electrónico.

Mientras muchas empresas enfrentaban incertidumbre, en FLAW vivíamos una realidad completamente distinta. Los pedidos online aumentaban semana tras semana. Hubo días en que los vehículos de Correos de Chile y Starken hacían fila afuera esperando retirar encomiendas. Trabajaba de lunes a lunes, dormía poco y sentía que, después de años de esfuerzo, finalmente estábamos viendo los resultados.

Desde afuera podía parecer una época de abundancia. Las ventas crecían, los pedidos se acumulaban y la marca comenzaba a hacerse cada vez más conocida. Pero puertas adentro la situación era bastante más compleja.

Gran parte de los productos que comercializábamos en nuestras tiendas físicas pertenecían a marcas de terceros. Aunque movían volumen, sus márgenes eran considerablemente menores que los de nuestros productos propios. Cuando llegó la pandemia nuestros proveedores empezaron a vender a nuestro costos quedando fuera de mercado. Había stock que permanecía inmovilizado durante meses, ocupando espacio y consumiendo capital. En la práctica, muchas veces terminábamos financiando ese inventario estancado con las ventas generadas por nuestros propios productos en la página web.

El negocio parecía avanzar a toda velocidad, gran parte de la energía se destinaba simplemente a mantener la máquina funcionando día tras día.

Fue una etapa de mucho crecimiento, pero también de mucho aprendizaje. Una etapa que me enseñó que el éxito de una empresa no se mide únicamente por cuánto vende, sino por qué tan sostenible es capaz de ser en el tiempo.

Peets+

Durante esos años, en conjunto con la tienda Borderline, desarrollamos una marca llamada Peets, que se movía a medio camino entre esa tienda y FLAW.

Con el tiempo, esa marca terminó registrada a nombre de un socio de la parte opuesta, y perdimos los derechos sobre algo que habíamos construido en conjunto.

Fue una lección dura sobre la importancia de dejar por escrito y a nombre propio cada marca que se construye, incluso cuando nace de una buena relación de trabajo.

Los amigos que ayudaron a construir FLAW+

Esta historia no la construí solo. Durante años, amigos, compañeros de colegio y personas cercanas me ayudaron cuando más lo necesitaba.

Cubrieron turnos, atendieron tiendas, prepararon pedidos, me dieron una mano cuando parecía imposible llegar a todo. Muchos de ellos no aparecen en las fotos, pero forman parte de esta historia tanto como yo.

Cuando FLAW empezó a aparecer en la calle+

Hubo un momento que nunca olvidaremos: los clientes comenzaron a enviarme fotografías de personas usando FLAW. Personas que no conocía, en ciudades donde nunca había estado.

Fue una sensación extraña. La marca había dejado de ser un proyecto personal. Ahora formaba parte de la vida de otras personas.

Marketplaces y crecimiento+

Llegamos a vender en Falabella, Paris, Linio y Dafiti. La empresa seguía creciendo: cada vez había más pedidos, más productos, más operaciones, más desafíos y también más responsabilidades.

La expansión Física Dejamos de vender Online+

Con el tiempo abrimos múltiples tiendas: Mall Paseo Ross, Mall Paseo Quilpué, Mall Paseo Shopping Quillota, Maitencillo, Reñaca, Reñaca V Sector. Dejamos de vender Online

Llegamos a invertir más de $150 millones de pesos en infraestructura, mobiliario y expansión, todo financiado principalmente con reinversión de utilidades. Sin inversionistas. Sin fondos externos. Sin contar la Mercaderia.

Los proveedores y las reglas que no conocía+

A medida que FLAW crecía comencé a trabajar con distribuidores de marcas nacionales e internacionales. Al principio pensaba que mientras más vendiera, mejor sería la relación comercial. Con el tiempo descubrí que la realidad era bastante más compleja.

Existían acuerdos, incentivos y dinámicas comerciales que una empresa pequeña muchas veces no entiende cuando recién comienza. En algunos casos hacía pedidos específicos y terminaba recibiendo volúmenes considerablemente mayores a los solicitados: mercadería que inmovilizaba capital y aumentaba el riesgo financiero de una empresa que todavía estaba aprendiendo.

Mirando hacia atrás, también había responsabilidad mía. Pensaba que las oportunidades que llegaban eran favores que debía agradecer a cualquier costo, y durante años confundí humildad con falta de convicción.

Con el tiempo entendí que una relación comercial sana no se construye desde la dependencia, sino desde el respeto mutuo, y que proteger la caja de una empresa es tan importante como generar ventas. Fue una lección cara, pero probablemente una de las más importantes que he aprendido en todos estos años.

Comercializadora Leonor Spa+

Durante esos años ocurrió algo mucho más importante que cualquier apertura de tienda: nació mi hija Leonor.

Mientras la empresa crecía, ella crecía junto a mí, entre telas, cajas y locales a medio construir. El negocio consumía gran parte de mi tiempo, pero ella siempre fue el recordatorio de por qué valía la pena seguir adelante.

Con el tiempo, su nombre se transformaría en algo mucho más grande que un recuerdo familiar: hoy es el nombre de la empresa que administra gran parte de mi operación.

Ventas mayoristas y aprendizajes+

Buscando nuevas oportunidades, comencé a vender mis productos al por mayor a tiendas de ropa más pequeñas que revendían la marca en distintos puntos del país. Al principio parecía una excelente decisión: más alcance, más presencia, más ventas.

Pero con el tiempo, una parte importante de esas ventas mayoristas terminó en facturas incobrables: negocios que compraban a crédito y nunca completaban el pago. Por respeto a las partes involucradas no entregaré detalles ni nombres.

Fue una experiencia dura, pero también una lección clara sobre la importancia de las condiciones de crédito y el control financiero al momento de crecer. 

Los errores que me nos costó reconocer+

La mayoría de las marcas prefiere no hablar de esto. Nosotros preferimos ser honesto.

Crecimos demasiado rápido. Abrimos tiendas antes de haber consolidado bien las anteriores. Confié de más en procesos que todavía no existían, y delegué responsabilidades importantes antes de tiempo, sin los sistemas necesarios para sostenerlas.

Ninguno de estos errores fue por mala intención. Fueron errores de alguien que estaba aprendiendo a construir una empresa más grande de lo que sabía manejar en ese momento. Reconocerlos no nos hace una marca débil: creo que me hace una marca más honesta.

La lección más cara+

Durante años construí FLAW peso a peso. Por eso fue especialmente duro descubrir que una parte importante de ese esfuerzo se había perdido por decisiones y controles que no fueron los correctos.

La magnitud fue tal que, en términos simples, el dinero involucrado habría alcanzado para comprar 1 o mas ferraris 0kms.

Comenzar a cerrar tiendas+

Con el tiempo entendimos que se necesitaba reorganizar la empresa, y tomé una de las decisiones más difíciles desde que comencé: cerrar tiendas.

Cada local tenía meses de diseño y construcción detrás. Inversiones gigantes. Por eso no mentiría si dijera que se derramaron varias lágrimas durante esa etapa. No fue solo una decisión financiera. Fue humana.

Cuando cerrar no significa terminar+

Cerrar una tienda no elimina los compromisos. Seguían existiendo contratos, boletas de garantía, créditos bancarios, mobiliario financiado y obligaciones adquiridas durante años de crecimiento.

Tenía menos tiendas, pero muchas de las obligaciones seguían exactamente donde estaban. 

Volver al origen+

Frente a esa realidad tomamos una decisión: volver a lo que originalmente me hizo crecer. Internet.

A mediados de 2025 intenté reactivar el canal online. Aprendí, esta vez sí, a delegar de verdad: a construir un equipo, confiar procesos a otras personas y soltar el control de tareas que durante años hice solo. Cometí nuevos errores, y seguí aprendiendo, porque emprender siempre implica aprender una y otra vez.

2026: reinventar FLAW+

Llegué a 2026 con una idea clara: FLAW tenía que transformarse. Me actualicé en publicidad digital, incorporamos empresas de inteligencia artificial a nuestros procesos, automatizamos operaciones y volvimos a poner el foco principal en flaw.cl.

Pero existía un problema: la caja estaba profundamente dañada. No podía volver a producir enormes cantidades de stock como en el pasado. Necesitaba un nuevo modelo.

Nace el Make to Order+

Fue entonces cuando comenzamos a trabajar bajo un modelo de fabricación bajo demanda: Make to Order. No sé si fue el primero en Chile, probablemente no, pero sí sé que fue la decisión que permitió seguir adelante.

En lugar de fabricar grandes cantidades esperando que se vendieran, comenczamos a producir gran parte de nuestros productos después de recibir la compra. Esto significa que cada prenda se fabrica especialmente para ti, lo que también implica tiempos de producción distintos a los de una tienda con stock inmediato. Es el precio de una manufactura nacional real, hecha bajo pedido y sin desperdicio.

Volver a fabricar+

Poco a poco comenzamos a incorporar maquinaria propia, como en los primeros días. Paso a paso: primero llegó una bordadora, después una máquina DTF y DTG, luego rectas industriales y overlock, y posteriormente incorporé una máquina de tejido para fabricar sweaters desde el hilo.

Volvimos a aprender. Volvimos a equivocarnos. Volvimos a crecer. Exactamente igual que en los comienzos.

Sweaters: hilo a hilo+

Pocas personas saben lo que hay detrás de un sweater FLAW. Cada pieza se teje en galga 7, a partir de conos de hilo de un kilo, usando una técnica de tejido revés-derecho que requiere programación específica en la máquina y horas de trabajo técnico.

No es un proceso automático ni instantáneo. Es artesanía con tecnología: cada chaleco se arma cono a cono, punto a punto, hasta convertirse en una prenda única. Cuando entiendes ese proceso, entiendes también por qué la confección nacional bajo demanda toma el tiempo que toma.

Hoy+

FLAW ya no es la misma empresa que abrió su primera tienda en Reñaca, ni la que llegó a operar múltiples locales al mismo tiempo. Hoy somos una empresa diferente: más pequeña, más tecnológica, más eficiente, y probablemente mucho más consciente de los errores que cometí como fundador en el camino.

Seguimos con Nuestra Tienda Flaw en Quillota y mantenemos como franquicia la tienda colaborativa del Vto Sector "Reñaca Surf Shop"

Siguimos creyendo en la misma idea que nos impulsó desde el primer día: construir una marca de streetwear chileno con identidad propia. Fabricando, aprendiendo y adaptándose, un poco como siempre.

Muchas personas conocen FLAW. Pero pocas conocen a la empresa que hoy administra gran parte de la operación online: se llama Comercializadora Leonor SpA, y sí, lleva ese nombre en honor a mi hija.

Porque después de tantos años emprendiendo, entendí que los negocios pueden cambiar, las tiendas pueden abrir o cerrar, las tendencias pueden pasar, pero la familia sigue siendo la razón principal para levantarme cada mañana.

Si llegaste hasta aquí, gracias. Gracias por confiar en FLAW, por cada compra, por cada mensaje, por cada recomendación, y por apoyar una marca chilena.

Nada de lo que hacemos es perfecto. Pero intentamos que todo lo que hagamos tenga cariño detrás. Y si nuestros productos no son para ti,si nuestros diseños no conectan contigo o si nuestros tiempos de fabricación no se ajustan a lo que necesitas, espero sinceramente que apoyes a otra marca chilena. Porque apoyar el emprendimiento nacional, la manufactura nacional, la confección nacional y el diseño local es mucho más que comprar una prenda.

Un abrazo grande, Fundador de FLAW · Comercializadora Leonor SpA ❤️